Sean flojos: ¡a pedalear!

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Cuando la gente se entera que me voy en bici al trabajo, los comentarios son múltiples. Muchos me miran con cara de pena, como si estuviera haciendo un gran sacrificio; otros me miran como si estuviera loca y comentan que me mataré cualquier día de estos; algunos son más alentadores, me demuestran su admiración y me consideran valiente. Eso sí, todos coinciden en que ellos no lo harían porque se consideran flojos y que yo soy una “gran deportista”. Ahí yo me detengo a pensar en “qué tan deportista soy”, porque, en primer lugar, no considero que moverme algunos kilómetros pueda ser considerado un deporte, es mera actividad física. Y, segundo, yo también me considero floja. Acá podríamos discrepar, porque una persona que pedalea unos 20km diarios en promedio no podría ser floja, pero yo les digo que sí y acá quiero explicar cómo utilizo la bicicleta para fomentar más mi flojera:

– Desde mi casa a mi trabajo, me demoro una hora utilizando el transporte público, sobre todo en la mañana. En bicicleta me demoro media hora, por tanto, salgo media hora más tarde, lo que finalmente se traduce en media hora más de sueño. En las tardes, llego media hora más temprano, por lo tanto, me puedo acostar media hora antes. Un punto para la flojera.

– En micro, no sabes si te vas sentado, parado, apretado, etc. A la suerte de la olla la comodidad. Lo mismo en los paraderos, algunos ni siquiera tienen un asiento para esperar cómodamente la micro. En bicicleta, siempre me voy sentada, nadie me aplasta y nadie me apretará jamás. Un buen asiento y no tendría por qué doler nada.

– Para ir al supermercado, los estacionamientos de bicicleta siempre están desocupados y están más cerca de la puerta de entrada. Camino menos para entrar. Además, con el fantasma de los robos, compro rápido y no me doy vueltas innecesarias comprando productos que no necesito. Ahorro y me demoro poco, tiempo que invierto en flojear.

– Caminar es lento y cansa. Pedaleando, me demoro menos y tengo más tiempo para descansar en la casa. Aparte, si tengo flojera de caminar y voy en bajada, puedo no pedalear y aun así avanzo más rápido que un peatón. Cero esfuerzo físico y mucha movilidad.

– Me da flojera ir al gimnasio y me da una flojera enorme también hacer dieta, cocinarme especial y todo eso. Con la bicicleta, puedo realizar actividad física (ojo, no deporte) y ahorrarme todo ese tiempo de gimnasio, el cual puedo usar en, obvio, descansar. Hay que considerar que ir al gimnasio con mínimo dos hora entre llegar, implementarse, realizar la rutina, ducharse y volver. Si puedo ejercitarme mientras me transporto, ¿para qué hacerlo en otro horario?

– Cada pasaje de micro cuesta 560 pesos (no vamos a considerar que ud use el metro o mi caso personal, que realizo trabajos particulares y debo tomar hasta 4 ó 5 locomociones diarias). Si trabaja de lunes a viernes, de su bolsillo salen 1120 pesos en locomoción diaria. Si lo vemos de manera semanal, son 5600 pesos, que finalmente terminan siendo 22400 pesos de su bolsillo que puede ahorrar. Ese dinero que se ahorra, puede ser invertido en una persona que realice alguna labor doméstica, como aseo general cada dos semanas, planchado o cocinar. Generas un empleo y te ahorras tiempo y esfuerzo en una labor poco agradable. También puedes invertir en pagar las deudas de a poco y hacer algunas horas extras menos.

Luego de este análisis, me queda más claro que nunca que soy floja y que uso la bicicleta sólo para fomentar la flojera que llevo dentro. Claramente, muchos de los puntos son discutibles o no aplican a los intereses o ideas de todos los ciclistas urbanos, pero, en lo personal, me gusta mi bicicleta, porque me ayuda a descansar y flojear mucho más. En conclusión, no me queda más que admitir que ando en bicicleta porque soy floja y quiero llamar a todos los flojos que nos unamos para flojear, porque unos minutos de pedaleo, que no es ni tanto esfuerzo, nos regala horas y horas de descanso placentero.

 

Por: Catalina Parada Ballesteros
Profesora y ciclista urbana
@cataparada

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