Todas las calles: Por el derecho a pedalear. Sobre la descida a Santos, Brasil.

Imagina que te preparaste todo un año para por fin ir al tradicional pedaleo a Lo Vásquez y llegar a Valparaíso. Pedaleaste, subiste el cerro San Cristóbal varias veces, ya te sientes list@ para recorrer esos ciento quince kilómetros aproximados. Estás ansios@, revisaste mentalmente todos los detalles, las luces, hasta mantención le hiciste a tu bici por veintiúnica vez en la vida y te vestiste por capas como viste en todos los foros de internet. Al llegar a Las Rejas -zona donde históricamente empieza de alguna manera el pedaleo hacia Lo Vasquez- y te encuentras con Fuerzas Especiales de carabineros, la policía chilena, cerrando el paso, tirando lacrimógenas, amenazando con llevar detenidos, diciendo que está prohibido seguir camino, con una tradición popular que lleva años. ¿Qué pasaría? ¿Cómo titularían los diarios al día siguiente?.

Algo muy similar es lo que les ocurrió a los ciclistas de Sao Paulo, donde en el tradicional pedaleo hasta Santos -también playa y a unos 100 kilómetros de distancia- se encontraron con la policía militar haciendo una emboscada.

¿Por qué un montón de personas en bicicleta son reprimidas? ¿En qué momento pedalear fue un crimen?.

Para las y los que estamos convencidos que pedalear es un derecho básico y fundamental – porque transportarse y moverse por las ciudades lo es y la bicicleta no necesita más que una buena mantención y mi capacidad física para hacerlo- la situación ocurrida en Brasil, nos parece absurda. ¿En qué momento una práctica tan cotidiana como caminar para algunos, pasa a estar en tela de juicio?.

CONTEXTO

Según la Fanpage Dereito de Pedalar, el 10 de diciembre de este año, un grupo de ciclistas sufrió el mayor ataque en la historia al derecho a la locomoción.

Al igual que en Chile para #LoVasquez, se acostumbra hacer una ruta de aproximadamente 100 kilómetros, que van desde Sao Paulo a Santos. Las vías son concesionadas pero públicas y años anteriores habían logrado que los dejaran pasar como cualquier vehículo que transita por la ciudad.

Sin embargo este año, se encontraron con un piquete de la policía militar, quienes les impidieron el paso a unos 4.000 ciclistas, incluyendo golpes, bombas lacrimógenas y camiones lanza agua (o guanacos, como les diríamos acá). Por las características de la zona, tratando de protegerse y escapar, muchos ciclistas quedaron varados en lugares que no conocían, sin agua, sin comida, en un acto mucho más cobarde y peligroso para los que estaban ahí e incluían a personas no experimentadas, menores de edad, etc. ¿Acaso con ese gesto los estaban protegiendo?.

Una de las preguntas que resuena en los cientos de comentarios es la culpa ¿Quién tiene la culpa?  Sin embargo el cuestionamiento no es tan fácil, vamos por parte:

¿La policía por actuar bajo una supuesta órden judicial? ¿Los jueces que reciben y juzgan un evento ni deportivo ni recreativo sino más bien un gesto popular que surge por la tradición? ¿Las vías concesionadas que traen a colación la problemática ciudadana de pensar de quién son realmente las ciudades? ¿O un estado que propiciando modelos de ciudad que no sólo permiten sino que fomentan una ciudad segregada para los que pueden pagarla, a través de vías concesionadas?.

Algunos (más de los que creería) incluso culpan a los organizadores ¿Hay organizadores para una actividad de estas características? Creo y espero que no. ¿Por qué deben haber responsables de una tradición? ¿Acaso en una procesión religiosa o caminar por una calle peatonal hay un organizador?.

Siguen las preguntas : Si había una órden judicial ¿Era necesario atacar con bombas lacrimógenas a ciclistas desarmados? Si los policías son el último eslabón de la represión ¿Quienes provocaron este suceso? ¿Quienes decidieron deliberadamente arriesgar la salud de miles que tuvieron que arrancar, moviéndose a zonas que no necesariamente tenían condiciones básicas para continuar la ruta?.

  

DESDE NUESTRAS TRINCHERAS

Desde las organizaciones ciclistas en todo el mundo, desde seres humanos que transitamos en bicicleta a diario, exigimos el respeto y como se puede ver incluso en merchandising típico ciclista, arriba de una bicicleta no sólo va un ciclista, va una vida. El derecho a transportarnos en un vehículo -como nuestras leyes nos amparan en buena parte de Latinoamérica ( en teoría al menos)- tienen no sólo  las ganas sino el derecho a transitar por las calles y las vías concesionadas, muchas veces nos quitan ese derecho, quedamos en el limbo de lo que debería ser con lo que es en la realidad. Osea, otra vez, una parte importante de la ciudad sólo  para los que pueden pagarlas.

Desde Pedalea x la calle, enviamos nuestra solidaridad, pues es una causa que tenemos plena empatía porque también nos toca. Mencionamos también que en Chile,  los ciclistas deportivos y cicloturistas, están organizándose para eliminar el decreto de ley que prohíbe el tránsito de bicicletas por carreteras.

Seguiremos estando aquí, atentas y atentos a lo que suceda con nuestros hermanos en Brasil, Colombia, Ecuador, Perú o donde sea, pues la lucha  es esa: nuestro derecho a pedalear, nuestro derecho a transitar por la calle, por cualquiera. No es un crimen, es un derecho.

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